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Hace unas semanas, navegando con el Google Earth, me crucé con una fotografía localizada en Brisbane (Australia) y nada más verla me asaltó a la mente una comparación, ingenua o fútil según cada cual, en la que se identificaba la altura como poder o influencia en la sociedad.
En este sentido, es sabido que durante largos siglos la Iglesia protagonizó el liderazgo ideológico de la sociedad y su cosmovisión fue la más influyente y aceptada. Al mismo tiempo, sus sedes, los edificios de caracter religioso, se erigían sobre las ciudades como muestra de esta supremacía. En cierta medida, la fotografía me sugirió que existe cierta relación entre la preponderancia ideológica y la arquitectónica. La relación es sencilla, a más superioridad física se necesitan mayores recursos obtenidos gracias a una mayor influencia social. En definitiva, podemos sintentizar que poder es altura.
En este sentido, hoy en Brisbane, o en cualquier otro lugar industrializado, la Iglesia a perdido su papel preponderante como líder de la sociedad quedándose en un puesto marginal si se le compara con el nuevo referente emergente, la corporación privada y el capitalismo.

Creo que esta fotografía, bella de por sí, simboliza muy bien esta sustitución de la iglesia por el capitalismo y la corporación privada. De hecho, en la imagen, la iglesia, notablemente inferior a los rascacielos, aparece ajardinada entre árboles, construida con colores cálidos como el beis de la piedra y el marrón de los tejados y ventanas, los cuales le dan vida y refuerzan esa percepción de cercanía terrenal. En definitiva, esta combinación cromática la hace notablemente más humana, independientemente de la brutalidad con la que ejerció su poder durante su época hegemónica.
Por otra parte, de fondo emergen dos rascacielos de un azul inerte, revestidos con un brillo metálico sobre un cielo azul intenso, color que simbolizaría el futuro. De esta forma, la superioridad de los rascacielos es rotunda sobre la institución medieval, dando así una imagen de poder (altura, con rascacielos que se salen de la imagen), prosperidad y futuro que, de tal perfección no puede esconder su carácter profundamente inhumano, lo que le confiere, a mi parecer, una victoria pírrica, pues a fin de cuentas, si bien puede ser la institución dominante que rige nuestras vidas, no puede evitar, sin embargo, que todos deseemos vivir a ras de suelo en ese edén ajardinado.


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