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“La sociedad industrial es la única que ha vivido y depende del crecimiento constante y perpetuo, de un continuo desarrollo con el que, además, se cuenta. [...] Fue la primera sociedad que inventó el concepto de progreso, de la constante mejora. [...] En el pasado hubo muchas sociedades que realizaron ocasionalmente nuevos descubrimientos aumentando la cuota de lo que se podría repartir [...] pero ese desarrollo nunca fue perpetuo, ni tampoco se esperó que lo fuera. Algo extraordinario debió suceder para engendrar una expectativa tan grande y fuera de lo común.
Ernest Gellner. Fragmento de su obra Naciones y nacionalismo.
PD: ¿Cual puede ser el cambio “extraordinario que engendrase una expectativa tan grande como la de un crecimiento constante y perpetuo”?
Con Wordle se puede analizar cualquier texto fácilmente dando lugar a un cuadro con las palabras más frecuentes, como en este caso con la Declaración Universal de los DD.HH. :
Este es un breve extracto de un trabajo que realicé el año pasado sobre la historia de la CNT. Aprendí mucho pero una de las cosas que más me sorprendió fue descubrir la ANFD, el primer organismo contra el franquismo integrado por anarquistas, socialistas, comunistas, radicales y monárquicos a mediados de los años 40.
Creo de justicia reconcer la labor que llevó a cabo para buscar el consenso de las fuerzas democráticas, un consenso mucho mayor que el de nuestra sacra transición de los 70, pues el abanico político era más amplio, desde anarquistas a monárquicos, y las condiciones políticas y sociales más difíciles, con escasez no sólo de libertad sino también de víveres.
Siguiendo las vicisitudes de la II Guerra Mundial, cuando durante 1944 las tropas fascistas estaban ya en claro retroceso, mucho antifascistas, y entre ellos la CNT, creyeron próxima la caída del franquismo. Por ello comienzan a desarrollarse contactos entre los antifranquistas que darán lugar en octubre de 1944 a la Alianza Nacional de Fuerzas Democráticas (ANFD), liderada por Sigfrido Català, secretario general de la CNT y de la Alianza simultáneamente, lo que pone de manifiesto la relevancia anarcosindicalista entre la oposición de los años 40s.
Las bases de la Alianza son principalmente la defensa del orden republicano, la constitución de un gobierno democrático que asumiera los poderes y llevase a cabo unas elecciones generales mediante sufragio universal para decidir así el futuro del país[1]. Los integrantes se comprometieron también a mantener la disciplina social y política (la CNT se comprometió a no hacer huelgas en los 5 años posteriores a las elecciones), el orden jurídico y las libertades públicas, defendiendo además la adhesión de España a los países occidentales mediante la aceptación de la Carta Atlántica. Era en síntesis, un llamamiento a la ayuda de las liberal democracias.
Los dos primeros años se caracterizan por el vuelco total de la dirección cenetista sobre la ANFD, que cuenta con un apoyo general entre la oposición y ciertos sectores incluso del franquismo, que desde las primeras victorias de los aliados en la II Guerra Mundial comienzan a pedirle al dictador que ceda el paso a la solución monárquica[2]
Además, el propio Don Juan le pidió a Franco el traspaso de poderes desde marzo de 1943 de forma epistolar, hasta que en marzo de 1945 hizo público el Manifiesto de Lausana[3], donde atacaba al dictador y proponía el restablecimiento de un régimen liberal.
Un nuevo golpe al régimen lo darían las potencias occidentales, que esta vez sí, mostraban su oposición al franquismo mediante una nota conjunta de Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia, el 4 de marzo de 1946, donde negaban la posibilidad de tener relaciones con el régimen de Franco por su colaboración con las potencias perdedoras de la segunda guerra mundial, instando a que “sin querer intervenir en los asuntos internos de España, [...], dirigentes españoles, patriotas y liberales los que consigan provocar la retirada pacífica de Franco, la abolición de la Falange y el establecimiento de un Gobierno Provisional”.
En este contexto, las gestiones de la oposición se multiplicaban, y la CNT en octubre de 1946 firma el primer acuerdo con los monárquicos en Estoril. Los representantes de Don Juan[4], entre los que se encontraba el antiguo líder de la CEDA, José María Gil-Robles y Quiñones, llegan a firmar el acuerdo, consistente en cinco puntos: 1º Asegurar un lugar predominante en el nuevo Estado a la religión católica, 2º Mantenimiento inflexible del orden público, 3º Renuncia de las organizaciones obreras al derecho a huelga hasta la recuperación de la economía del país, 4º Garantizar la plena independencia de los tribunales de justicia revisando la legislación social y 5º Preparar la celebración de un plebiscito para resolver el futuro político de España[5], comprometiéndose las dos partes a respetar los resultados aunque con la posibilidad de convocar otro plebiscito en el futuro.
En esta situación, la apuesta por Don Juan era clara, y la CNT estaba demostrando una gran responsabilidad social pese a la oposición de la CNT exterior y el Gobierno republicano del exilio, que dificultarían también las posteriores negociaciones con socialistas y comunistas hasta hacer fracasar el acuerdo de Estoril.
[1] Herrerín López, Op. cit. Pág. 35.
[2] En junio de 1943, veintisiete procuradores de las nuevas Cortes inauguradas por Franco creyeron llegado elmomento de que el dictador dejara paso al régimen monárquico encarnado por Don Juan, por lo que presentaron una petición a Franco en dicho sentido. La respuesta supuso el cese de los firmantes, aunque no de las presiones, pues en septiembre del mismo año ocho tenientes generales hicieron la misma petición.
[3] Extracto del Manifiesto en internet http://www.paraprofesores.com/Historia%20segundo%20bachillerato/Textos/2003%202004/Manifiesto%20Lausana.pdf
[4] Entre ellos José María Gil-Robles y Quiñones, defensor acérrimo de la causa monárquica y que también llegará a un acuerdo en el mismo sentido con Indalecio Prieto, el llamado Pacto de San Juan de Luz de 1948, que era ya tardío, pues al iniciarse la guerra fría, las potencias occidentales sobrepusieron los valores anticomunistas a los democráticos en sus relaciones con Franco.
[5] En referencia a instaurar una monarquía o una república.


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