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En un tiempo donde la codicia parece habernos llevado a la gran crisis, donde los dirigentes de grandes entidades financieras jugaban a los dados con las hipotecas/vidas de millones de ciudadanos y familias, parece interesante cuestionarse por qué lo hacían. La respuesta, evidente, era el beneficio económico. Tal vez el único beneficio que entienden. La única satisfacción que para muchos existe.
Yo les/os propongo entender una aspiración diferente. Este placer no es el de poseer una gran riqueza material sino el de sentirse parte de un logro colectivo. Para ello, te sugiero visitar esta web y ver sobre que lugar de la Tierra está orbitando en este momento la Estación Espacial Internacional y de cómo poder divisarla desde tu ciudad (sí, se puede ver como una estrella más!).
En mi opinión, esta nave espacial, donde personas de todas las nacionalidades colaboran por el progreso de la Humanidad, representa no sólo una obra de la que sentirnos orgullosos como seres humanos sino también una esperanza. La de que el progreso colectivo de la humanidad se imponga sobre la codicia de las riquezas personales.
*Visto en la muy recomendable revista “malababa” (pág. 69) que puedes descargar gratuitamente en Consume hasta morir.
« Hace cinco meses falleció mi hermano. Ha sido un golpe terrible para todos los que le queríamos, del que nos va costar mucho recuperarnos. Y ya tengo claro que el consuelo no va a llegar precisamente de
algunas entidades. A las pocas semanas del suceso decidí llamar a Telefónica para rescindir su contrato con esta compañía, en vista de que las facturas -que cargan un mínimo aunque no haya uso- seguían llegando. Y entonces comenzó la pesadilla. Interminables trasvases de operadora en operadora, con episodios tan macabros como el de aquella que, inmersa en sus automatismos, me preguntó cuál era la razón por la que quería dar de baja esa línea… 30 segundos después de revelarle que mi hermano había muerto. Armado de paciencia, alcancé el departamento de bajas, donde una señorita de discutible amabilidad me exigió que le enviara el certificado de defunción, la declaración de herederos, una carta y no sé cuántas cosas más. Y me temo que este episodio se repetirá con otras compañías. He decidido no hacer nada. Llegan cartas que dicen que si se alcanzan tres meses de impagos, le buscarán y le pondrán en
la lista de morosos. A ver si es verdad que le encuentran.
Más allá de la brutal deshumanización a la que estamos llegando, todo este asunto me lleva a una conclusión que si no fuera tan desesperanzadora, movería a la risa: en el siglo XXI resulta infinitamente más fácil morirse que desaparecer del mundo comercial. »
“Morir en el siglo XXI” de Manuel del Campo.
Carta del lector. El País (30/12/2006)
[De un antiguo trabajo del 2006]
Como la lengua va moldeándose a la realidad para describirla, tal vez pronto comenzaremos a emplear el término empresa estatal no para aquellas de propiedad pública sino para las que son ya tan grandes como cualquier Estado. Aquí están las 10 mayores empresas del mundo según la revista Fortune en el año 2007 (datos del 2006 en millones de dólares USA).
*PIB obtenido del World Bank para el 2006 (www.worldbank.org) y poblaciones del CIA World Factbook 2006.
*Ahora recuerdo una frase mítica de cierto profesor de Administración Pública: “ahora, el Estado timonea pero no rema (tener influencia directa sobre la economía)”. Pues con semejantes gigantes, huele a motín…
«Las arrogantes ONGs que quieren prohibir el trabajo infantil en el Tercer Mundo olvidan que en todo el planeta los niños trabajaron desde siempre hasta que la riqueza fue suficiente para quitarlos de trabajar. No son las multinacionales pérfidas las culpables del trabajo infantil sino los padres de los niños que se preocupan por ellos continuamente…»
Carlos Rodríguez Braun. Expansión. Lunes 9 de junio 2008.
Lo he visto en soitu.es y en CHM, además de ojear algunos artículos más del susodicho en la web de Expansión. Sí, es increíble pero propio de un tipo de personaje conocido. Son estos economistas cuyo relato vital probablemente incluya dos premisas ineludibles: 1.familia de clase media o superior y 2. una vida basada en lecturas y no en verdaderas experiencias.
Por otra parte, deberíamos de hacerle al señor Rodríguez Braun varias preguntas, por ejemplo:
- ¿seguiría pensando lo mismo si fuesen sus hijos los que se viesen obligados a trabajar para poder sobrevivir?
- ¿qué han hecho esos niños para merecer ese castigo y estar privados de educación, sanidad o simplemente de infancia?
- ¿Y los niños del señor Braun, por qué ellos no trabajan? ¿qué han hecho para merecerse este “premio”?
Al margen de las preguntas, y ya en general, con el tiempo he dejado de considerar la opinión de todos los economistas que critican realidades que desconocen. Y digo que no saben de lo que hablan cuando, por ejemplo, critican de “ineficiente” la existencia de salarios mínimos garantizados por el Estado sin haber trabajado nunca en su vida por ese salario. Conocer es algo más que haber leído. En ocasiones vivir en carne propia ciertas experiencias es lo más importante. De hecho, cada vez que leo opiniones de este estilo en mis libros de economía (libre mercado en la venta de la fuerza de trabajo) siempre me acuerdo de cuando trabaje por el salario mínimo (50 cents más la hora, así que más o menos…). La reflexión que hago es la siempre la misma : “seguro que fulanito (el autor del libro) nunca ha trabajado por el salario mínimo”. Y ojala me equivocase.
Salud y libertad (para todos)
Algunos comentarios interesantes del artículo de Ramonet en Le Monde diplomatique: (Puedes ver el artículo completo aquí)
- Austria espera la llegada de entre 1,5 y 2 millones de visitantes. ¡Un incremento del 25% de su población! Poca cosa sin embargo, comparado con los quinze mil millones de telespectadores que verán la competición en sus receptores (1). Esa colosal masa de consumidores constituye Eldorado que muchos codician.
- Asimismo, es una alegoría de la guerra (o de la lucha por la vida). Su terminología lo delata: “atacar”, “defender”, “disparar”, “contratacar”, “resistir”, “fusilar”, “matar”, “vencer”, “derrotar”. Ver un partido puede provocar ansiedad, estrés… y hasta infartos.
- Con sus graderíos abarrotados, los estadios se prestan a los ceremoniales nacionalistas y a los rituales identitarios o tribales que desembocan a veces en enfrentamientos entre seguidores fanatizados.
- Una camiseta deportiva, que cuesta en España unos 75 euros, equivale a tres meses de sueldo de un NIÑO-trabajador de la India. El fútbol deja ver así las contradicciones y las explotaciones que singularizan a la globalización, y sus desigualdades más manifiestas.
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A veces se califica de “opio del pueblo” a la religión para subrayar su función alienante y su vocación de distraer a la gente de la explotación a la que es sometida. El fútbol tiene hoy idéntica función. Por eso la globalización quisiera condenarnos, en cierto modo, a fútbol perpetuo. Para domesticarnos. Para que nunca despertemos de la nueva enajenación. ¿Hasta cuándo?
Hace unas semanas, navegando con el Google Earth, me crucé con una fotografía localizada en Brisbane (Australia) y nada más verla me asaltó a la mente una comparación, ingenua o fútil según cada cual, en la que se identificaba la altura como poder o influencia en la sociedad.
En este sentido, es sabido que durante largos siglos la Iglesia protagonizó el liderazgo ideológico de la sociedad y su cosmovisión fue la más influyente y aceptada. Al mismo tiempo, sus sedes, los edificios de caracter religioso, se erigían sobre las ciudades como muestra de esta supremacía. En cierta medida, la fotografía me sugirió que existe cierta relación entre la preponderancia ideológica y la arquitectónica. La relación es sencilla, a más superioridad física se necesitan mayores recursos obtenidos gracias a una mayor influencia social. En definitiva, podemos sintentizar que poder es altura.
En este sentido, hoy en Brisbane, o en cualquier otro lugar industrializado, la Iglesia a perdido su papel preponderante como líder de la sociedad quedándose en un puesto marginal si se le compara con el nuevo referente emergente, la corporación privada y el capitalismo.

Creo que esta fotografía, bella de por sí, simboliza muy bien esta sustitución de la iglesia por el capitalismo y la corporación privada. De hecho, en la imagen, la iglesia, notablemente inferior a los rascacielos, aparece ajardinada entre árboles, construida con colores cálidos como el beis de la piedra y el marrón de los tejados y ventanas, los cuales le dan vida y refuerzan esa percepción de cercanía terrenal. En definitiva, esta combinación cromática la hace notablemente más humana, independientemente de la brutalidad con la que ejerció su poder durante su época hegemónica.
Por otra parte, de fondo emergen dos rascacielos de un azul inerte, revestidos con un brillo metálico sobre un cielo azul intenso, color que simbolizaría el futuro. De esta forma, la superioridad de los rascacielos es rotunda sobre la institución medieval, dando así una imagen de poder (altura, con rascacielos que se salen de la imagen), prosperidad y futuro que, de tal perfección no puede esconder su carácter profundamente inhumano, lo que le confiere, a mi parecer, una victoria pírrica, pues a fin de cuentas, si bien puede ser la institución dominante que rige nuestras vidas, no puede evitar, sin embargo, que todos deseemos vivir a ras de suelo en ese edén ajardinado.
Este documental, The Corporation, lo ví hace ya más de un año y, la verdad, es probablemente el documental que más me ha impactado. Ojala lo podamos ver en la agrupación socialista. Yo lo tengo, aunque bajado de internet. ¡Si alguien le interesa que avise!
Aquí están algunos fragmentos y frases que me han llamado la atención del primer video.
- Un asesor norteamericano: “-¿No sería maravilloso que existiese un precio para todo? – Parece que es partidario de privatizar cada centímetro cuadrado del planeta – Por supuesto (Absolutely)”
- Vicepresidenta de la segunda mayor compañia mundial de publicidad: “A veces me preguntan: “¿Lucy, te parece esto ético? porque básicamente estáis manipulando a esos niños”, pues bien, si es ético o no lo sé pero nuestra función en Iniciative es vender productos”.
- Noam Chomsky: “Tienes que desarrollar lo que se llaman necesidades creadas, por lo tanto crear deseos. Se tiene que imponer en la gente lo que se llama filosofía de la inutilidad.
Es probable que en la esquina inferior izquierda de tu pantalla aparezca congelada una bandera multicolor ondeando al viento… no es un símbolo de libertad. Es el logo de Microsoft.
Como era un periódico gratuito y en ocasiones la información que ofrecen es incompleta, decidí contrastar la información con el jornal que se citaba en el artículo, The Times. Aquí os dejo la noticia en español del ADN de hoy y el enlace de la noticia en el Times (en inglés) por si queréis contrastarlo vosotros mismos.
Microsoft pretende vigilar a sus empleados
El universo de Gran Hermano, descrito por George Orwell en su novela 1984, parece más cerca que nunca con una patente solicitada por Microsoft que vigilará constantemente al trabajador sentado frente a su ordenador, según informó ayer el periódico The Times.
La empresa estadounidense pretende desarrollar un sistema informático que gracias a sensores inalámbricos mide en todo momento el ritmo cardíaco, la temperatura del cuerpo, los movimientos, la expresión facial y la presión sanguínea del trabajador. El sistema podría asimismo “detectar automáticamente la frustración o el estrés en el usuario” y “ofrecer la ayuda
necesaria”, señala The Times.





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