«Las arrogantes ONGs que quieren prohibir el trabajo infantil en el Tercer Mundo olvidan que en todo el planeta los niños trabajaron desde siempre hasta que la riqueza fue suficiente para quitarlos de trabajar. No son las multinacionales pérfidas las culpables del trabajo infantil sino los padres de los niños que se preocupan por ellos continuamente…»

Carlos Rodríguez Braun. Expansión. Lunes 9 de junio 2008.

Lo he visto en soitu.es y en CHM, además de ojear algunos artículos más del susodicho en la web de Expansión. Sí, es increíble pero propio de un tipo de personaje conocido. Son estos economistas cuyo relato vital probablemente incluya dos premisas ineludibles: 1.familia de clase media o superior y 2. una vida basada en lecturas y no en verdaderas experiencias.

Por otra parte, deberíamos de hacerle al señor Rodríguez Braun varias preguntas, por ejemplo:

  • ¿seguiría pensando lo mismo si fuesen sus hijos los que se viesen obligados a trabajar para poder sobrevivir?
  • ¿qué han hecho esos niños para merecer ese castigo y estar privados de educación, sanidad o simplemente de infancia?
  • ¿Y los niños del señor Braun, por qué ellos no trabajan? ¿qué han hecho para merecerse este “premio”?

Al margen de las preguntas, y ya en general, con el tiempo he dejado de considerar la opinión de todos los economistas que critican realidades que desconocen. Y digo que no saben de lo que hablan cuando, por ejemplo, critican de “ineficiente” la existencia de salarios mínimos garantizados por el Estado sin haber trabajado nunca en su vida por ese salario. Conocer es algo más que haber leído. En ocasiones vivir en carne propia ciertas experiencias es lo más importante. De hecho, cada vez que leo opiniones de este estilo en mis libros de economía (libre mercado en la venta de la fuerza de trabajo) siempre me acuerdo de cuando trabaje por el salario mínimo (50 cents más la hora, así que más o menos…). La reflexión que hago es la siempre la misma : “seguro que fulanito (el autor del libro) nunca ha trabajado por el salario mínimo”. Y ojala me equivocase.

Salud y libertad (para todos)