Europa era mi esperanza de una federación que conformase un contrapoder al imperio. El continente de los Estados del bienestar, la Europa de los valores, podría haber ocupado un lugar central en la lucha contra los grandes desafíos del siglo XXI: la pobreza en el mundo, el cambio climático, la defensa de los Derechos Humanos, el creciente poder de las multinacionales, la inducción de olas democráticas, etc… Y sin embargo, independientemente del resultado irlandés, ya es tarde.

Para todo poder asumir estos desafíos hubiésemos necesitado no sólo aprobar el Tratado por el cual se establece una Constitución para Europa sino también trabajar con prontitud para constituirnos como federación-Estado a no más tardar del 2020 o 2025. Se necesita un presidente y un gobierno europeo para liderar, hoy, la participació en esos desafíos. Mañana, Europa necesitará un Estado único europeo tan sólo para poder participar en los retos del siglo XXI.

No obstante, ni el Tratado de Lisboa, una reforma que pretendía sacarnos del “impasse” europeo, parece ser la herramienta precisa. Y mientras, el tiempo pasa con una Europa, hundida en su desidia nacionalista, cada día más pequeña en el mundo multipolar del mañana ( China, India o Brasil-Latinoamérica). Unidos seríamos la mayor potencia mundial aunque el camino es otro, el de ser menos relevante que ayer pero más que mañana. Desde el 2005 y hoy más todavía, la Unión Europea conforma una esperanza dificil de resucitar.

PD: ¿Borrell 2012?